
Recordé la fórmula china, retuve la respiración durante un minuto y me liberé de la ilusión de la realidad. Con amabilidad rogué a los guardianes que tuviesen un minuto más de paciencia, pues debía subir al tren de mi cuadro y comprobar una cosa. Se rieron, como de costumbre, pues me consideraban mentalmente perturbado.
Entonces me hice pequeño y entré en mi cuadro, subí al pequeño tren y en el pequeño tren entré en el pequeño túnel negro. Todavía se siguió viendo un rato el humo esponjoso que salía de la redonda abertura, después el humo se disipó y se volatilizó, y con él desapareció todo el cuadro, y yo con éste.
H.Hesse